El Hip Hop y las Danzas Urbanas son pura energía. En mis clases, que ofrezco desde los 6 años, traigo la cultura de la calle al entorno escolar de una manera controlada y formativa. Es un estilo lleno de fuerza que conecta inmediatamente con los niños y jóvenes, ya que usa la música que ellos escuchan. Es una fusión de diferentes estilos, como el breaking o el locking, adaptados para su aprendizaje.
Físicamente, estos estilos son increíblemente exigentes y beneficiosos. Trabajamos intensamente la coordinación y la memoria coreográfica. A diferencia de otras danzas, el Hip Hop tiene un groove particular, un ritmo que viene desde dentro y que aísla diferentes partes del cuerpo. Esto mejora la memoria motriz de forma espectacular, ya que deben aprender secuencias rítmicas complejas y ejecutarlas con precisión y fluidez.
Una de las cosas que más me gusta de las Danzas Urbanas es cómo estimulan la creatividad y el estilo propio. Aunque enseño coreografías, siempre dejo espacio para la improvisación, los “freestyles”. Es el momento en que cada alumno puede mostrar su personalidad y ganar confianza en su movimiento. Fomento que encuentren su propia forma de interpretar la música, dándoles soltura y seguridad.
El Hip Hop tiene un fuerte componente de equipo y comunidad. Aunque hay espacio para el lucimiento individual, gran parte del trabajo se hace en grupo. Esto fomenta el trabajo en equipo de una manera muy natural. Los alumnos aprenden a moverse al unísono, a apoyarse mutuamente y a crear formaciones. Se genera un sentido de pertenencia muy positivo, donde todos se animan y celebran los logros de los demás.
En el contexto escolar, ofrecer Hip Hop es una decisión inteligente. Es la actividad perfecta para liberar energía de forma positiva. Después de horas sentados, los alumnos necesitan una vía de escape física, y esta danza se la proporciona. Es divertido, dinámico (como en la modalidad Just Dance, que también ofrezco) y les ayuda a desconectar mentalmente, volviendo a sus casas renovados y más relajados.